Espiritualidad y humor. El humor nos devuelve la fe y la confianza

Un regalo precioso. La risa fluye desde muy adentro. Muchas veces solo necesitamos reir para que se disipen miedos y penas. Sin pensar, sin darle vueltas a las cosas. Dejar fluir la risa. Os lo recomiendo. Este video es fantástico. Se puede ser espiritual y tener un gran sentido del humor, la risa es más curativa que mil palabras. La sensación que deja en tu cuerpo es de que nada tiene la importancia que tenía antes. Espero que lo disfrutéis tanto como yo. Se iluminó solo con reir. Repartamos la risa. Repartimos salud y bienestar. Luz, amor y risa en vuestro día.

Muchos asocian a la espiritualidad con seriedad y solemnidad. En esta nota demostramos cómo el humor atraviesa los distintos credos y enseñanzas hasta niveles sorprendentes, como las bromas que algunos mártires del cristianismo hacían a sus propios verdugos.

“La vida es un juego, juégalo”.
Sathya Sai Baba

En la mayoría de los contextos socio-culturales de Occidente (y en muchas partes de Oriente) hay un patrón según el cual el ”buscador espiritual” o el místico debe tener, entre sus características, la de exhibir una cara seria,  evidencia de la profundidad de sus experiencias metafísicas. La mayoría de las veces, los santos se representan con una expresión de gran sufrimiento. Cuanto más grave la mueca de dolor, mayor la santidad.
En realidad, lo contrario suele ser cierto. El que ha logrado desembarazarse de la pesada carga del ego se sentirá más libre, más ligero, y participará en mayor medida del gozo que trae la frescura de una mirada que ve con cariño las debilidades humanas, y que sabe reírse de ellas -muy especialmente de las propias.
A mayor capacidad de reírse, menor influencia del narcisismo que todos padecemos en distinto grado. Nada nos vuelve más pesados y torpes que creernos importantes.
“¡Sé feliz!” dice Sai Baba. Pero solemos olvidar que esta vida es sólo una representación teatral, una especie de juego, y nos identificamos tanto con nuestro papel que llegamos a creer que somos él.
El humor nos devuelve la fe y la confianza. Es energético. Nos hace aprender de los errores, y nos comunica un estado de profunda comprensión de la realidad. El humor ejerce también una función instrumental en el camino espiritual. Enseña a través de los pares aparentemente opuestos de profundidad y levedad, seriedad y risa.

HUMOR Y HUMANIDAD
Saber reírse, sobre todo de uno mismo, habla de salud emocional, psicológica y espiritual. La tristeza y el dolor los compartimos con el mundo animal. La risa y el sentido del humor son, en cambio, características humanas que corresponden a la capacidad de observación, análisis e interpretación de la realidad. Sin actividad intelectual y espiritual no puede haber humor. El sentido del humor es propiamente humano. O, como veremos más adelante, divino.

CUANDO LA COMEDIA SE VUELVE TRAGEDIA
La palabra cómico alude a Komos, el dios griego de la alegría. La alegría brota naturalmente cuando abandonamos los juicios que nos hacen sentir pesados e importantes. El sentido del humor se puede desarrollar y educar pero también desvirtuar o, incluso, perder. Una cosa es la alegría y otra la euforia a toda costa, que no es más que otra cara del consumismo y de la tiranía del bienestar promovida por los medios. Así, el humor se vuelve superficial,  vulgar, y en vez de elevar, degrada.
Otra desviación del humor es el sarcasmo. La diferencia con las otras expresiones como el chiste, la broma o incluso la ironía, es que el sarcasmo no brota de la alegría sino del deseo de hacer daño, al igual que las bromas pesadas. Es cruel y mordaz, portador de desprecio y de una cierta venganza.
El Papa Juan XXIII decía: “sé suficientemente humilde para no tomarte demasiado en serio, para no dramatizar sin razón, para saber bromear de tus límites, debilidades y manías, y las de los demás y, no obstante, continuar amándote y amándoles”.
Sin alegría ni amor, el humor deja de ser tal para convertirse en un pretexto para causar daño o ganar fama, aprecio, dinero. El verdadero humor es espiritual, y prueba de esto es que ningún humorista profesional, por más bueno que sea, sería capaz de reírse sinceramente ante su propia muerte. En cambio, los santos y sabios de todas las épocas preguntarían, entre risas, “¿qué muerte?”


LOS MAESTROS OCCIDENTALES
El humor tampoco está ausente en los iluminados, todo lo contrario. Douglas Harding no pierde su británica ironía ni cuando intenta explicar algo tan abstracto como la desidentificación con el cuerpo: “Yo no soy esto… gracias a Dios”, dice señalando el suyo.
Hay otros ejemplos, como el de Katie Byron, cuya honestidad causó tanta gracia a un hombre, que lo salvó de una parálisis. Como cuenta en su libro “Cuestiona tus pensamientos, cambia al mundo”: “Una vez estaba caminando en el desierto con un hombre, y de pronto tuvo un accidente cerebro vascular. Nos sentamos y me dijo: ‘Dios mío, me estoy muriendo, haz algo’. Me senté junto a él, amándolo, mirándolo a los ojos, y sabiendo que estábamos a kilómetros de un teléfono o de un auto. ‘Ni siquiera te importa, ¿no?’, dijo. ‘No’, le contesté. Él estaba hablando con la mitad de su boca, la otra la tenía paralizada, y cuando dije que no, se empezó a reír, y yo también. Sus facultades retornaron, y el ataque se fue para no quedarse”.
La risa también es frecuente en Tony Parsons, un maestro de advaita (no dualidad). Como cuando relata su experiencia: “Yo estaba caminando en el parque, y de pronto no hubo más Tony Parsons. No había más experimentador… o había absoluto amor, por decirlo de alguna manera”. Uno esperaría lágrimas de bienaventuranza una vez terminada la frase, pero en cambio le brota una risa plena, inocente, que a pesar de su fugacidad –no dura ni dos segundos- parece que estuviera todo el tiempo ahí, esperando el momento adecuado para salir.

Las enseñanzas de Don Juan
Pocos métodos de enseñanza se basan tanto en el humor como el relatado por Carlos Castaneda. Don Juan -y sobre todo Don Genaro- hacen gala de un humor casi constante, pero con motivos bien serios: perder la importancia personal, uno de los principales obstáculos para la Libertad.
Como explica Castaneda en “Una realidad Aparte”:

“El ambiente total de las enseñanzas de don Juan fue más relajado. Reía y también me hacía reír mucho. Parecía haber, por parte suya, un intento deliberado de minimizar la seriedad en general. Payaseó durante los momentos verdaderamente cruciales de este segundo ciclo, y así me ayudó a superar experiencias que fácilmente habrían podido volverse obsesivas. Su premisa era la necesidad de una disposición ligera y tratable para soportar el impacto y la extrañeza del conocimiento que me estaba enseñando.
 – La razón por la que te asustaste y saliste volando es porque te sientes más importante de lo que crees-  dijo, explicando mi retirada previa– Sentirse importante lo hace a uno pesado, rudo y vanidoso. Para ser hombre de conocimiento se necesita ser liviano y fluido”.

EL HUMOR EN ORIENTE
El humor es uno de los medios preferidos del budismo zen y del taoísmo para hacer vacilar los prejuicios y las opiniones establecidas. Una de sus principales funciones es tratar de mostrar lo absurdo que es clasificar la realidad en categorías, como lo ilustra este relato Zen:

“Un monje volvía de un templo lejano y quedó varado en la orilla opuesta del río. Necesitaba cruzarlo para volver a su casa, pero no podía encontrar el puente. Finalmente, ve a un Maestro en la orilla de enfrente y le grita:
– Maestro, ¿cómo cruzo al otro lado del río?
El maestro contestó:
-¡Ya estás en el otro lado del río!

Este relato, que en principio parece solo un juego del lenguaje, muestra la irónica cercanía a la Iluminación (Nirvana) que tanto se busca.

El fundador del sijismo, Guru Nanak, también hacía uso del humor y la provocación para enseñar profundas verdades. Cuentan los textos sagrados que al llegar a la Meca, Nanak se acostó con los pies apuntando hacia la sagrada Kaaba (un cubículo dentro de la mezquita), signo de falta de respeto para el Islam. Un cuidador musulmán pasaba por ahí y al ver la escena, lo regañó. Gurú Nanak respondió con sagaz ironía y sinceridad: “Oh, por favor, pon mis pies hacia un lugar donde Dios no esté”.


El humor de Los Avatares

Krishna
Krishna, encarnación divina que vivió hace cinco mil años en India, es conocido por sus travesuras juveniles. Pero estas bromas muchas veces son tomadas de forma literal, o ligera. “La Divinidad enseña profundas lecciones a la humanidad en esta forma indirecta”, explica Sathya Sai Baba. “Los actos de Dios deben ser comprendidos no por su exterioridad, sino por su sentido profundo”.
Krishna es llamado “ladrón de manteca” porque cuando era niño entraba a la casa de las pastoras y se comía la mantequilla (ghee) que ellas habían preparado. “Las gopikas (pastoras) solían quejarse con la madre de Krishna por sus travesuras”, cuenta Sai Baba. Y cuando la madre lo regañaba,  Krishna le decía que cómo podría haber ido a algún lado si estaba durmiendo junto a ella. “Lo cierto es que estaba en ambos lugares por su poder divino. Él tenía una coartada convincente para cada queja. Indirectamente, estaba revelando su divinidad.
Hay otra explicación para esto: Krishna entraba en las casas de las pastoras y tomaba yogurt y leche. El significado simbólico de esta acción es Su preferencia por la cualidad de sattva (calma, pureza) representada por el blanco yogurt y la leche”.
Un día Krishna también explicó a Yashodha, su madre, la razón por la cual prefería la manteca de otras casas en vez de la preparada por ella: Los corazones de las pastoras eran puros y llenos de devoción desinteresada por Krishna. Su amor era superior al afecto maternal de Yashodha, que tenía un tinte egoísta. Krishna le dijo: “Soy atraído por los corazones de los puros y de los altruistas”. Las bromas eran, sin dudas, bendiciones disfrazadas.


Sathya Sai Baba

Sai Baba suele usar el humor para enseñar verdades profundas. De Él brotan un sinfín de frases y fórmulas ocurrentes, también de réplicas ingeniosas. Por ejemplo, un devoto una vez le sugirió que Él podría resolver todos los problemas económicos de India transformando el Océano Índico en petróleo. “Si hiciera eso”, le respondió Baba, “alguien como tú probablemente le arrojaría un fósforo encendido”.
Pero nada como los primeros dieciséis años de su vida, donde se la pasaba haciendo travesuras de acuerdo a Su misión: “Los primeros dieciséis años de esta vida han sido, y lo he dicho varias veces, el período en el cual predominan Mis Balalilas (juegos divinos de la juventud), y en los dieciséis años que siguen se producen los Mahimas (milagros), para dar felicidad a esta generación. Pero Santhosha o felicidad son sensaciones de corta duración; ustedes tienen que capturar este estado y convertirlo en una posesión permanente de Ananda o Bienaventuranza. Pasados los treinta y dos años me verán más activo en dar Upadesa, es decir, señalar los errores humanos y dirigir al mundo por el camino de Sathya, Shanti y Prema (Verdad, Paz y Amor). Esto no quiere decir que esté determinado a excluir de mi actividad los Lilas y Mahimas (travesuras y milagros) en lo sucesivo”.

LAS RELIGIONES OCCIDENTALES

La mayoría de las religiones orientales tiene anécdotas llenas de humor que contienen las más profundas enseñanzas, pero en Occidente estas generalmente son relegadas a las ramas esotéricas o místicas de las religiones. El Islam con el sufismo, el Misticismo cristiano, la Cabalá y el Jasidismo del judaísmo están llenos de estos ejemplos. “¡Mozo… hay Dios en mi sopa!”, Aprendiendo Kabbalah a través del humor, es el nombre de un libro que utiliza la risa para explorar el antiguo misticismo judío.
Por otro lado, la tradición sufí (la rama mística del Islam) considera que una de las mejores señales para determinar la autenticidad de la experiencia espiritual en una persona es su sentido del humor. La capacidad de reírse -especialmente de sí mismo- indica que tal persona ha logrado desprenderse, en alguna medida, de las cadenas de lo que el  pensador SufíIdries Shah llamaba ”el Yo Dominante” (nafs-i-ammara, en la terminología sufí). Por el contrario, el tomarse excesivamente en serio, el ser incapaces de ver lo absurdo y risible de nuestro comportamiento y actitudes, señala que todavía queda trabajo por hacer. Shah, divulgador de la cultura sufí en occidente, siempre consideró que la sabia y absurda lógica de los cuentos de Nasrudín, un antihéroe popular de Medio Oriente, era uno de los métodos más ingeniosos que tenían los sufíes para romper la forma de pensar habitual y adentrarse en un mundo despojado de prejuicios.

EL CRISTIANISMO Y EL HUMOR
Generalmente, el cristianismo es percibido como la religión más sufrida, y no podemos culpar a los que lo ven así. Basta con observar su símbolo –Jesús ensangrentado y crucificado- para comprender la causa principal de esta percepción generalizada, que ha sido reforzada por los conceptos de culpa, pecado y condena. La Iglesia católica también hace énfasis en la solemnidad, y sus edificios, ceremonias y trajes refuerzan  este aspecto.
Sin embargo, un análisis más atento de los textos sagrados revela que el Evangelio es una buena noticia, una noticia alegre, gozosa, exultante. Es la promesa cumplida del Enviado, que culmina con la Resurrección. En ella, Dios sonríe ante la pretensión absoluta de la muerte por destruirlo todo. Por si fuera poco, hay una frase de los  Proverbios (17,22) que afirma: “un corazón alegre es la mejor medicina;  un espíritu abatido termina por secar los huesos”.

Jesús
En su libro “El humor de Cristo”, el Dr. Elton Trueblood examina en detalle treinta pasajes humorísticos de los Evangelios. Jesús decía frases bastante ocurrentes, con un dejo irónico. Por ejemplo, la famosa “pasar un camello por el ojo de una aguja” (Mt 19,24)  o cuando habla de los fariseos, diciendo “¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!” (Lc 11- 23:24), o la frase “Echar perlas a los chanchos” (Mt 7,6), todas evocan imágenes chistosas y dan a entender que quien las pronunció tenía un sutil sentido del humor.
El Evangelio de Marcos cuenta que Jesús estaba solo en tierra viendo cómo se cansaban sus discípulos remando en contra del viento. Entonces no solo fue hacia ellos caminando sobre el agua sino que hizo ademán de pasar de largo. Es fácil imaginar la sorpresa de los discípulos, y el regocijo  una vez que Jesús subió a la barca y se calmó el viento.

Santa alegría

“Un santo triste es un triste santo”.

San Francisco de Sales

Solemos imaginar a los santos del cristianismo como seres celestiales, inalcanzables, como mártires impolutos. Sin embargo, la santidad bien entendida no es perfección estática, ni sometimiento al sufrimiento.
Don Bosco era muy bromista. Santa Teresa de Ávila resultó una especialista en poner apodos graciosos. A San Felipe Neri lo llamaban “el bufón de Dios” por su costumbre de divertir con sus ocurrencias a los cardenales de Roma. San Bernardino de Siena nunca paraba de reír y bromear.
Capítulo aparte merece Santo Tomás Moro, quien no admitía a nadie a compartir una comida con él si no sabía contar chistes. Este último santo tiene una historia particular. Un sentido del humor inglés que lo siguió incluso hasta el momento de su muerte:

Tomás Moro (1478-1535) era abogado, y una de las figuras destacadas del Renacimiento.  Su enorme cultura le valió el cargo de canciller del rey Enrique VIII, pero cuando éste rompió con la Iglesia Católica proclamándose Jefe Supremo de la Iglesia de Inglaterra, se deshizo de él. Lo acusó injustamente a través de calumnias y fue  encarcelado y condenado a muerte. Cuando estaba  al pie del cadalso, agotado por los tres meses de prisión, tuvo que subir los escalones para que le cortaran la cabeza. Tomás Moro no pudo con su genio y su último acto fue un acto de humor, cuando le dijo a su verdugo: “Le ruego, señor teniente, ayúdeme a subir; en cuanto a bajar, deje que ruede por mí mismo”.
Fue canonizado en 1935 y en el año 2000, Juan Pablo II lo proclamó patrono de los políticos ya que se empeñó por el bien común sin importarle sus intereses personales, siendo coherente hasta el fin. Su humor fue parte de la virtud de la fortaleza.
Esta es la conocida oración de Santo Tomás Moro pidiendo, entre otras cosas, el sentido del humor. ¿Nosotros, alguna vez, pedimos este don?:

«Señor, dame una buena digestión y -naturalmente-  algo para  digerir.
Dame la salud del cuerpo y el buen humor necesario para mantenerla.
Dame un alma sana  que tenga siempre ante los ojos lo que es bueno y puro,
de manera que frente al pecado no me escandalice
sino que sepa encontrar la forma de ponerle remedio.
Dame un corazón que no conozca el aburrimiento, las quejas, los suspiros y los lamentos.
No permitas que me tome demasiado en serio,
ni que me invada mi propio ego.
Dame el sentido del humor,
dame el don de saber reírme,
a fin de que sepa traer un poco de alegría a la vida
haciendo partícipe a los otros.
Amén».

Fuente: H2 Latino

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