El estómago “digiere” las emociones

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Tras algunos meses de trabajo personal intenso, vuelvo a la carga.

Esta vez quiero compartir algo que he constatado en mi persona: Las emociones afectan mushísimo a mi sistema digestivo.

No me sorprenden artículos como que el estómago es nuestro segundo cerebro publicado en La Vanguardia y que podéis consultar más abajo.

O que nuestros intestinos “sienten” como podréis leer a continuación.

Sólo hay que recuerdar los nervios en el estómago antes de un exámen o antes de una cita o cualquier cosa importante en la vida…

¿Pero sabías que el 90% de serotonina, la hormona de la felicidad, se fabrica en el intestino?

¿Que nuestra piel y sistema defensivo está directamente relacionado con el sistema digestivo y dermatitis, psoriasis, acné se pueden mejorar actuando en el sistema digestivo?

¿Que el estreñimiento y la putrefacción están relacionados con el cáncer y el envejecimiento prematuro?

¿Que aprender a comer con tranquilidad, hacerte un automasaje, respirar con la barriga, o tomar en ayunas agua caliente con limón puede mejorar no sólo tu salud física sino también tu salud emocional y mental e incluso tu sueño?

Ahora sólo queda comunicarse efectivamente con él y escucharle para aprender a “gestionar y digerir bien” lo que nos ocurre en la vida.

Espero que os ayuden estos dos artículos ♥♥♥

Irina Matveikova, médica especializada en Endocrinología y Nutrición Clínica

Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet

“Tenemos dos cerebros: el de la cabeza y el del estómago”

Leyendo Inteligencia digestiva (La Esfera de los Libros) me entero de que la capacidad de mi estómago de generar ácido clorhídrico puede llegar a niveles industriales, mi zumo gástrico puede disolver un trozo de metal, y el plástico en pocas horas. Me entero de que tenemos un “estado microbiano” inteligente con sus reglas y divisiones sociales en las entrañas. “Por lo menos 400 cepas que necesitan comer y que producen sus subproductos beneficiosos o tóxicos y pueden ayudarnos a elevar nuestras defensas o bajarlas”. En su clínica de salud digestiva de Madrid y su consulta en Barcelona (www.inteligenciadigestiva.com) Matveikova enfoca los problemas digestivos con una visión holística.

¿Mi estómago es inteligente?
Absolutamente, es una red extensa de neuronas (100 millones) interconectadas.

¿Un segundo cerebro?
Sí, su estructura neuronal posee la capacidad de producir y liberar los mismos neurotransmisores, hormonas y moléculas químicas que produce el cerebro superior.

¿Mi barriga tiene emociones?
En nuestro sistema digestivo se produce y almacena el 90% de la serotonina de nuestro cuerpo; su función es esencial: absorción, aporte nutricional y movimientos musculares. Es la misma serotonina que en un 10% se crea en nuestro cerebro superior y de la que depende nuestro bienestar.

¿La famosa hormona de la felicidad la tenemos en el estómago?
Sí, por eso debemos escuchar más al sistema digestivo. De cómo sintamos nuestras tripas depende nuestro ánimo. Si aprendemos a escuchar sus señales estaremos más sanos, perceptivos y equilibrados.

¿Desde la digestión podemos influir en nuestras emociones?
Hay una relación continua de intercambio de información entre los dos cerebros. Un ejemplo: un estreñimiento crónico puede suponer una falta de serotonina, nos convierte en pesimistas y baja la libido.

Entonces, si cuidas tu estómago puedes mejorar tu estado de ánimo.
Absolutamente. Si empiezas a reconectar, sentir, entender lo que te sienta mal, ser consciente de lo que comes y cómo, en quince días notas un cambio. La gente que escucha sus tripas, se hace masajes y sabe comer, transmite más equilibrio, comprensión, paciencia y son más intuitivos.

¿…?
Si mimamos y relajamos el abdomen nuestras neuronas estomacales producen benzodiazepinas, las moléculas que usamos como ansiolíticos para relajar e inducir el sueño y para descontracturar músculos.

¿Y si no lo relajamos?
Hay muchas sustancias químicas que nosotros producimos y que si no somos capaces de liberar, manifestamos depresión, ansiedad o cansancio crónico.

Pues dígame como liberarlas.
Empezando con pequeños cambios:

1-comer bien y con paz.

2-Ir al baño sin prisa, unos 15 minutos. Nuestro intestino se mueve un centímetro al minuto, es una ola de movimiento muscular lenta, tranquila y equilibrada, hay que respetarlo.

De acuerdo.
3-Es muy beneficioso hacer un automasaje en la tripa, movimientos muy suaves empezando por el lado derecho y avanzando en el sentido de las agujas del reloj; eso relaja el sistema digestivo.

4-Hacer diariamente diez minutos de estiramientos.

Qué más.
5-A media tarde, cuando aparece el cansancio, respirar con la barriga durante diez minutos.

6-Un vaso de agua caliente en ayunas con unas gotitas de limón o menta activa la función muscular del estómago, vesícula e intestino.

7-De vez en cuando un fin de semana de depuración a base de batidos de verduras es aconsejable.

8-Y ejercicio regular.

Del sistema digestivo también depende nuestra piel.
Nuestro sistema digestivo representa el 70% de las defensas. Si uno come mal, tiene mucho estreñimiento o gastroenteritis, infecciones, o toma muchos antibióticos, se trastorna todo el tráfico, es decir la función de filtrar, defender, eliminar y absorber.

Entiendo.
Cuando este sistema depurativo, el más grande del cuerpo, funciona mal, otro órgano, como la piel, coge su función. Las consecuencias son dermatitis, psoriasis, acné, piel atópica, manchas… síntomas cuyo origen en un 80% es intoxicación interna.

¿Alimentarse mal envejece?
Hay una conexión directa entre el envejecimiento precoz y procesos degenerativos tanto de piel y articulaciones con la salud del estómago.

¿Con qué en concreto?
Ya lo estudió Iliá Mechnikov, premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1908, la fermentación pútrida en el intestino es la razón principal del envejecimiento precoz. Y el estreñimiento y la putrefacción proteica están vinculados al desarrollo del cáncer y a los procesos degenerativos sistémicos prematuros.

¿Tiene arreglo?
Si la célula esta bien nutrida e hidratada y mantiene adecuadamente el proceso de eliminación y desactivación de las toxinas y de los radicales libres, puede estar joven y activa durante mucho tiempo.

¿Hay que lavar el intestino?
Con la vida que llevamos (sedentaria, estresada, alimentación cuya calidad no está muy controlada…) no eliminamos todo lo que ingresamos y por tanto absorbemos toxinas, sufrimos putrefacción, inflamación, intoxicación y bajan las defensas.

La hidroterapia de colon una vez al año es muy recomendable.

¿Algún otro consejo?
Yo recomiendo a mis pacientes que de vez en cuando, durante un mes, retiren de su dieta trigo, azúcar, lácteos y alcohol; y fuera cereales, salvo arroz, avena y algo de centeno.

El 80% de los pacientes que trato resultan ser intolerantes al trigo. Descansar del trigo es una manera de purificarse.

Comprar el libro Inteligencia Digestiva

Un “segundo cerebro” funciona en la panza y dicen que regula emociones

TIENE UNOS 100 MILLONES DE NEURONAS, UBICADAS EN LAS PAREDES DEL TUBO INTESTINAL

Su red neuronal no elabora pensamientos, pero influye en el estado de ánimo y hasta en el sueño. 7/11/2010

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 Que se use la palabra “entripado” para referirse a un enojo podría no ser del todo metafórico.

Pensar que el intestino actúa como un segundo cerebro no es algo nuevo si vemos como piensan las culturas más orientales. Para ellos, el vientre era y es el centro de la energía vital del organismo, donde se integran mente y cuerpo.

Que el estómago “se cierre” en una situación estresante o que parezca poblado de mariposas ante el amor también tendría una explicación científica.

El aparato digestivo está tapizado por una red de neuronas (células nerviosas) de tan amplio alcance que algunos científicos la han denominado “segundo cerebro”.

Ese cerebro, según estudios científicos recientes, influye en nuestro estado de ánimo, carácter y hasta en el ritmo de sueño.

Leopold Auerbach, un neurólogo alemán, descubrió en el siglo XIX dos capas de células nerviosas muy próximas a un trozo de intestino que estaba diseccionando. Sintió curiosidad y al verlas al microscopio concluyó en que eran parte de una red compleja. Sin saberlo, fue el primero en observar al “segundo cerebro”, que fue descrito en 1996.

Michael Gershon, investigador en neurograstroenterología de la Universidad de Columbia  y autor de El segundo cerebro (The Second Brain), un libro de referencia en las investigaciones sobre el tema, explica que acuñó el término de «segundo cerebro» en 1996, al comprobar que en las paredes del intestino existen más de cien millones de neuronas, formando parte de una sofisticada red de circuitos neuronales y neurotransmisores. A este segundo cerebro se le conoce técnicamente como sistema nervioso entérico.

Gershon también relacionó la serotonina que se filtra del segundo cerebro con el autismo, ya que los mismos genes que implicados en la formación de sinapsis entre las neuronas del cerebro, también están implicados en la formación de sinapsis alimentaria. Y podría explicar porqué muchos niños con autismo tienen alteraciones motoras gastrointestinales y elevados niveles de serotonina producida por los intestinos dentro de su sangre.

Gershon contó que ahora se sabe además que en el intestino hay células madre adultas que pueden reemplazar a las neuronas que mueren o son destruidas.

Además, afirmó: “El sistema nervioso entérico le habla al cerebro y éste le responde”.

El intestino puede afectar el humor, y la estimulación del nervio principal que conecta al cerebro con el intestino (el vago) puede ayudar a aliviar la depresión, y es usado para tratar la epilepsia”.

Emeran Mayer, profesor de Fisiología, Psiquiatría y Ciencias del Bio-comportamiento de la Universidad de California,  dijo que una gran parte de nuestras emociones probablemente se vea influida por los “nervios de los intestinos”. El 90 por ciento de las fibras del nervio vago lleva información desde los intestinos hacia el cerebro, pero no al revés.

El papel del sistema nervioso entérico es el de gestionar todos los aspectos de la digestión desde el esófago hasta el colon, pasando por el estómago y el intestino delgado (véase al respecto Scientific American).

Sin embargo, su papel no se limita exclusivamente a la regulación de digestión, sino que, de modo indirecto, a través del eje cerebro-intestinal, el sistema nervioso entérico puede influir en situaciones emocionales y en otros síntomas como la hipersensibilidad al dolor, como explica Guido Iantorno, jefe de la Unidad de Motilidad Digestiva del Hospital Bonorino Udaondo.

Cuenta Iantorno que mediante tomografías computarizadas por emisión de positrones pudo comprobarse que, ante un estímulo en el intestino, en las personas con afecciones funcionales del aparato digestivo reacciona un sector del cerebro diferente del que reacciona en personas sanas.

“Esto significa que la corteza cerebral responde de diferente modo si se padece, por ejemplo, el síndrome de colon irritable”, dice Iantorno.

Algunos científicos piensan que en un futuro, algunos padecimientos intestinales podrían tratarse con terapias aplicadas a nivel neuronal.

De hecho, el síndrome de colon irritable en parte deriva de un exceso de serotonina en el intestino, y quizá podría ser considerado una “enfermedad mental” del segundo cerebro.

Los trabajos de Mayer con el sistema nervioso del intestino lo han llevado a pensar que, en los próximos años, la psiquiatría tendrá que ampliar su alcance para tratar el segundo cerebro además del que está sobre los hombros.

 Con el “segundo cerebro”, aparecieron nuevos campos científicos.Uno de ellos es el de la neurogastroenterología, que probablemente permita conocerlo a fondo.

Y también se insinúa la psicogastroenterología. Sobre ella, Ezequiel Gleichgerrcht, investigador del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco) dijo que si bien como disciplina requiere aún acumular muchísima más evidencia consistente y desarrollar métodos más sólidos, se sabe hoy que algunas señales del sistema entérico llegan de manera directa a estructuras de nuestro cerebro que tienen un importante rol en las emociones.

“Asimismo –agregó el científico–, algunas personas que sufren trastornos gástricos desarrollan síntomas psiquiátricos. Y, de manera inversa, se sabe que algunas patologías psiquiátricas y neurológicas tienen una mayor incidencia de trastornos del tracto digestivo que en la población normal.

Toda esta evidencia demuestra que poder abordar aspectos psicológicos y conductuales en simultáneo con medidas de la fisiología y la actividad gástrica es importante”.

En un nuevo estudio conducido por Gerard Karsenty (jefe del Departamento de Genética y desarrollo de la Universidad de Columbia Medical Center) publicado en Nature Medicine study se descubrió con total sorpresa, que los intestinos regularon la masa ósea de ratones con osteoporosis.

Es interesante observar como avanza la medicina en ese sentido. El módulo que ofrece el Curso de formación en patologia funcional digestiva y neurogastroenterologia apunta hacia trabajarlo de forma psicológica:

Fisiología del sistema nervioso autónomo. Sistema nervioso entérico y células de Cajal. Control nervioso y hormonal del aparato digestivo. Eje cerebro intestinal. El cerebro intestinal- Dr. Claudio Bilder.

Sensorialidad digestiva. Dolor visceral. Hiperalgesia, alodinia . Dr. Luis Soifer
Respuestas del tracto gastrointestinal frente al stress. Dr. Luis M. Bustos Fernández

Libros relacionados

El segundo cerebro: Descubre la importancia del sistema digestivo para tu salud – Miguel Angel Almodovar

Inteligencia digestiva: Una visión holística de tu segundo cerebro – Irina Matveikova

Tan tien chi kung: La fuerza vacía, el poder del perineo y el segundo cerebro – Mantak Chia

The Second Brain: The Scientific Basis of Gut Instinct & a Groundbreaking New Understanding of Nervous Disorders of the Stomach & Intest-Michael D. Gershon

Fuentes: http://www.clarin.com/ciencia/tratarlo-nuevas-disciplinas_0_367763279.html

http://www.clarin.com/ciencia/segundo-cerebro-funciona-regula-emociones_0_367763280.htmlhttp://www.bioenergetica.org/segundocerebro.html

http://www.scientificamerican.com/article/gut-second-brain/

http://www.clarin.com/ciencia/pionero-aleman_0_367763278.html
http://www.scientificamerican.com/article/gut-second-brain/
http://www.motilidad.com.ar/index.php/informacion/programa
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